SOL Y SOMBRA.

UNA ALMOHADA RELLENA DE CUENTOS

Almohadones solidarios

 

 

 

 

 

 

SOL Y SOMBRA

A Virginia Álvarez le dolían profundamente los pies. Llevaba recorridos doce pisos en un solo día encaramada a unos zapatos impropios de su edad. El agente inmobiliario no acertaba con el concepto de apartamento céntrico muy luminoso. “Definitivamente el número 13 va a ser su última oportunidad”

La calle que el destino le reservaba relajó su ceño, el edificio le suavizó el rictus y el trasnochado ascensor la llenó de esperanza. La llave giró despacio abriendo por fin la pesada puerta, mientras los analíticos ojos de Virginia se precipitaban dispuestos a diseccionar el espacio. Su corazón se aceleró al intuir la gran cocina inundada de sol. Olvidó el intenso dolor del juanete izquierdo para asomarse de puntillas por el ventanal. Descubrió tipuanas, buganvillas y tilos floridos, un par de gatos dormitando y hasta creyó escuchar a lo lejos alguna chicharra desorientada. Despacio, se volvió hacia el empleado de la inmobiliaria y contundente exclamó: “No busque más, es este”

Tres días después, descalza frente a su nuevo decorado, sopló en completa soledad cincuenta velas sobre un pastel.

Amparo Lledó
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