LOS QUE SE QUEDAN

UNA ALMOHADA RELLENA DE CUENTOS

marisilla

LOS QUE SE QUEDAN
En los buenos tiempos la repisa del salón albergó las fotos justas. Su hijo sonriente con la delicia de los seis años, un abrazo en la playa o algún retazo de sus muchos viajes en moto.
No costaba quitar el polvo.
La vida a trancas y barrancas fluía, con aquella felicidad un tanto naif. Siempre al borde del más difícil todavía. Bendito valor que le permitía torear Miuras a diario, con la entereza de quien poda las plantas del balcón.
Cuando todo acabó, la repisa sufrió un overbooking inusitado. Había que tirar de hemeroteca, como los periodistas, tocaba recuperar las fotos de una niña vestida de gitana, sus obras inolvidables, imágenes de cumpleaños, de familia…
Cada rastro en aquella repisa atestada, era una piedra de Pulgarcito que le acercaba a la supervivencia. Tenía que ser aplicado, recorrer el camino, emplearse a fondo y recuperar la esencia. Alejarse de los estragos que el final provocó.
Y la casa se inundó poco a poco con la luz de su plenitud. Esa jodida luz de la que nunca nada debió apartarla.
Amparo Lledó
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