EJÉRCITOS DE ANDAR POR CASA

UNA ALMOHADA RELLENA DE CUENTOS

MARCO

Rafael tiene algo de caballero antiguo, quizá el porte, las canas o esa gentileza medio pícara que lo ha hecho triunfar con las mujeres toda la vida. Con sesenta y cinco cumplidos otro estaría dando paseos y leyendo la prensa, pero él aún anda queriendo meterse en política para arreglar el mundo. Aunque ya se ha ido de tres partidos no pierde la esperanza de que alguno resulte diferente, le alabo el optimismo. Como ser social por antonomasia disfruta en las distancias cortas, discutiendo, riendo o charlando con campechanía (palabra denostada por el emérito mata-elefantes) que a él le viene al pelo.

Conserva mucho de niño juguetón, su amor por los campos de batalla imaginarios con sus soldaditos de plomo, y ahora anda diseñando una aventura como numismático global a través de internet. Es un buen tipo, así con todas las letras. Se conduce por la madurez con esa mezcla intangible entre abuelo gruñón con señor afable de buen corazón y lágrima fácil.

Este año ha sufrido dos perdidas profundas. De esas que recuerdas con día y hora, incluso si hablamos de un hombre como él  que no guarda rencores por desmemoriado. Esas dos muescas, su hermano y su fiel Bruno, le han dejado el ánimo tiritando en este invierno sin frío. El compañero de  infancia y el amor incondicional se quedan en  el 2015, ojalá el dieciséis le ayude a cicatrizar correctamente.

Amparo lledó
Fotofrafía de Pancho Amat
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