NIETAS

UNA ALMOHADA RELLENA DE CUENTOS

SIP

María Momparler siempre fue una mujer adusta. Buena cocinera y habilidosa en todo lo manual disfrutaba teniendo su casa en perfecto estado de revista. El polvo no osaba establecerse sobre los muebles del salón y las gotas de agua hacían todo lo posible por escapar del espejo de su baño.  La casa siempre recogida resultaba demasiado aséptica y sus hijos crecieron  acatando a regañadientes  la obsesión enfermiza por el orden.

El santuario especial de María era su dormitorio, la cama debía estar siempre exquisitamente hecha, el cubre no podía tirar más de un lado que de otro y el centro parecía trazado con regla y cartabón.

Sus hijos recibieron cachetes por no respetar la coordinación cromática de los almohadones, o por apoyarse ligeramente en una de las esquinas. Seguramente su madre hubiera descubierto con los ojos cerrados el roce de una mariposa sobre el satén de la colcha.

Los años a menudo cambian la perspectiva de las cosas, al borde de los ochenta,  María ya no siente la necesidad flagrante de pelearse con los ácaros, ahora ha descubierto un tipo de amor que se perdió en su momento. El tiempo por delante se agota y necesita aferrarse a ese amor igual que antes lo hacía a esas líneas impolutas que separaban sus azulejos.

Un amor cierto como la limpieza anual de primavera, un amor al que permite reír, correr y saltar sobre la cama.

Amparo lledó
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